Doña Hormiga






El viento barre las hojas
de todos los caminos.
Pero al pasar por mi casa
el viento se va solito:
no encuentra una sola rama…
¡no levanta ni un yuyito!

Así cantaba doña Hormiga mientras barría la entrada de su hormiguero. ¡Cómo le gustaba trabajar a doña Hormiga!
Barría el caminito tres veces por día, cuatro veces plumereaba una margarita alta que le servía de sombrilla y además cuidaba de que no cayeran en su hormiguero basuras molestas.

Sin embargo, con lo buena y trabajadora que era, a doña Hormiga no le hablaba nadie nadie nadie.
No porque no la quisieran. Ni porque no les gustara conversar con ella, sino… ¡porque era sorda!
Más que sorda. ¡Requetesorda!
Pero doña Hormiga era feliz con su trabajo y su canto. Sólo a veces se entristecía un poco porque le hubiera gustado oír cantar a los pajaritos. Pero por más que sacudiera y sacudiera sus antenas no conseguía escuchar nada nada. ¡Ni siquiera un píí…!
Un día doña Hormiga estaba limpia que te limpia y canta que te canta cuando alguien de aspecto muy extraño se paró frente a ella: vestía con cintas de todos los colores, usaba un bonete alto alto, casi más alto que la margarita que servía de sombrilla. ¡Y cuando alzaba un brazo volaban las cintas y parecía que había cien arcos iris en el hormiguero!

-Señora, ¿puede indicarme el camino para el hormiguero central? – le preguntó el raro señor a la hormiga.
Por supuesto, doña Hormiga no lo oyó y siguió con su canción muy atareada:

Piedrecilla, sal.
Semillita, sal,
que no quiero que puedan
a nadie lastimar.

El recién llegado tosió dos veces y enseguida pensó que doña Hormiga no quería contestarle porque no lo conocía.

Entonces dijo:
-Permítame presentarme, señora. Yo soy el mago Maguín y necesito saber dónde queda el camino que lleva al hormiguero centra.
¡Pobre mago Maguín! ¡Ni siquiera se imaginaba que doña Hormiga era sorda!
Esta vez, de rabia, comenzó a gritar y a agitar las cintas de colores.
-¿Dónde? ¿Dónde queda el hormiguero central? ¿Dónde ¿ -gritaba Magín. Y los pájaros alzaban vuelo para no enredarse en las cintas.

Entre los pájaros, las cintas y los gritos de Maguín se hizo tal confusión que todas las hormigas salieron del hormiguero para ver qué sucedía. ¡ se echaron a reír!






¡Pobre Maguín! ¡Qué vergüenza! ¡A pesar de que era un mago no se había dado cuenta de que doña Hormiga era sorda! Y, como todos se reían de él, Maguín hizo unos pases mágicos y echando cosas en una olla comenzó a cantar:

Un granito de uva,
de uva.
Un poquito de barro,
de barro.
La pata de una rana,
DE rana.
¡Y fuego de relámpagos!
Aquí tiro tres pelos,
TRES pelos,
QUE le saqué a tres gatos,
TRES gatos.
Después se mezcla mucho
¡y chimpirrimpú se acabó!

Al terminar de cantar sacó de la olla un par de antenitas nuevas y haciendo una reverencia se las obsequió a doña Hormiga.
¡Todo el hormiguero aplaudió cuando se las puso!
Y ahora doña Hormiga escucha a los pajaritos y a la gente que le conversa y le conversa…






Doña Hormiga (Bolsillitos #478)
Dora – dibujos de Chacha

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