El osito sin sueño







La osa del bosque acunaba a su osito. Lo acunaba y lo palmeaba. Lo palmeaba y le gritaba y lo volvía a acunar. ¡Pero nada! El osito Sonajero no se quería dormir.

Vestido con su piyama tocaba el tambor de tronco y después saltaba del piso a la cuna y de la cuna al piso.
¡Mamá osa no sabía qué hacer! Por fin llamó a Celeste, el hada del bosque, para que lo hiciera dormir.

Celeste llegó, agitó el aire con su varita mágica de mil chispitas y cantó el arrorró de las hadas:

Conejos y ardillitas
Duermen por aquí
Y una abeja sueña
Sobre un alhelí.
¡Ningún gallo cante
“kikirikikiiii”
que el osito pardo
se está por dormir!

 

A sonajero le gustó tanto el canto y la luz de la varita del hada que, en vez de dormirse, aplaudió de contento. El hada Celeste siguió cantando hasta que se cansó y hasta que su varita se quedó sin estrellas, como cuando se apagan las luces de bengala.
¡Pero Sonajero no se durmió!

Entonces la osa llamó a Poko, el duende del bosque.
Poko llegó a la casa, miró a Sonajero y en seguida exclamó:
-Este osito no se duerme porque no tiene un buen gorro de dormir…
Y le prestó el suyo.

Pero Sonajero, en vez de dormir con el gorro de Poko, se disfrazó de payaso,

… de Papá Noel

… y de Polichinela.

Entonces su mamá, ya cansada, llamó al gigante Mucho.
-¡Lo que Sonajero necesita es una buena paliza! –afirmó el gigante Mucho.
El osito Sonajero miró al gigante y vio que era muy grande, muy grande. ¡Y que tenía un granito muy chiquitito en la punta de la nariz!
¡Sonajero, en vez de asustarse, se echó a reír!
Entonces Mucho se marchó, ofendidísimo, porque no podía soportar que nadie se riera de él.






Enseguida la osa, sin saber qué hacer, llamó a Maltalante, la bruja del bosque.
En cuanto la bruja llegó, tiró tres plumas de lechuza al aire y, con una voz muy áspera, recitó el arrorró de las brujas:

¡Caramba!
tres plumas de búho.
¡Caramba!
un rayo de luna.
¡Caramba!
oso bochinchero.
¡Caramba!
¡duérmase en su cuna!

 

¡Pero el osito, muy entusiasmado, juntó las plumas, se adornó la cabeza con ellas y se puso a jugar a los indios!

Nadie nadie fue capaz de hacer dormir al osito Sonajero.
Este siguió aturdiendo a todos sus vecinos. Hasta que despertó al guardabosques, a la señora del guardabosques y también a su hijo Martín.
-¡Voy a ver qué pasa! –dijo Martín que nunca tenía miedo de nada.

En cuanto llegó a la cueva de la osa se dio cuenta de lo que ocurría.
-¿Cómo quieren que el osito se quede dormido y no haga bochinche si se llama Sonajero? –exclamó Martín-. ¡Lo que hay que hacer es cambiarle el nombre”
La osa se quedó muy pensativa: Martín tenia razón.

Desde ese momento, en vez de llamarlo Sonajero, lo llamó Nono.
El osito Nono, poco a poco, puso cara de sueño. ¡Cada vez tenía más cara de sueño! Por fin bostezó, se restregó los ojitos y se acurrucó bien. Por último se durmió profundamente… ¡como corresponde a un osito que se llama Nono!






El osito sin sueño (Bolsillitos #516)
Beatriz – dibujos de Ruth

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