Adita aprende a ser hada





Adita era un hada tan pequeña que todavía no tenía varita mágica. Hasta que por fin un día su tía Ada le regaló una muy linda, con estrellita y todo.
Adita enseguida la frotó contra una caja de fósforos, a ver si en es forma la estrellita brillaba como luz de bengala.

Pero, a pesar de rasparla varias veces, no consiguió su propósito. Entonces exclamó:
-¡Rábanos!
No bien lo dijo, la caja de fósforos se transformó en una canasta llena de rábanos.

-¡Caracoles! –dijo Adita asombrada.
Y, en ese instante, la canasta se transformó en un baldecito repleto de caracoles.

-Pero ella no quería ni rábanos ni caracoles! Por eso murmuró, de mala gana:
-¡Ufa!
Inmediatamente el baldecito desapareció y en vez apareció una nubecita verde que flotó por el cuarto. Una nube verde, rabioso, tan rabioso como el ¡¡Ufa!” que había pronunciado Adita.
-¡Qué locura! –exclamó entonces su tía Ada, que llegaba en ese momento-. ¿Qué desastres estás haciendo?
Y empujó la nube para que saliera por la ventana.

-¿No sabes que con la varita no se juega? –le reprochó después-. ¡Si no la usas como corresponde te la quito!
De ahora en adelante, para poder conservar su varita, Adita tendría que portarse como un hada… ¡no como un pichoncito de hada!
Y, para demostrar que ya era grande, Adita salió inmediatamente a trabajar de hada.
¡Pero eso no era tan fácil!
-¿Necesita algo? –le preguntó a la liebre-. Porque yo soy un hada…
-¡Qué maravilla! ¡Encontrar un hada! ¡Yo, sin embargo, no quiero nada! –contestó la liebre. Y siguió corriendo muy contenta.

Adita se asomó a la casa del topo y preguntó:
-¿Precisas algo…?
-No, gracias. ¡Pase mañana! –respondió el topo creyendo que Adita era un vendedor ambulante.






En el camino vio a un chiquito que lloraba desconsoladamente.
-¡Se me pinchó el globo! –gritaba entre sollozos-. ¡Y era tan lindo y grande y redondo…!

-¡No te aflijas! –lo consoló Adita-. ¡Yo haré que aparezca enseguida!
Entonces levantó la varita y exclamó: “¡Globo!”
Inmediatamente en el extremo del hilo apareció un globo bien grande. Pero era un globo rarísimo porque tenía forma de cubo. ¡Qué parecía ese globo!

Adita, bastante impaciente, volvió a gritar: “¡Globo!”
Entonces el globo se convirtió en una especie de salchicha muy larga.

“¡Globo!” –repitió otra vez Adita. ¡Y la salchicha se convirtió en una especie de rosca!
-¡No me gusta! –protestó el chico. Y siguió llorando-. ¡Parece una rueda de auto!

¿Rueda de auto? Adita se ofendió tanto que exclamó: “¡OOOOOOOOH!”
Entonces el globo en forma de rosca se transformó en un lindo globo grande y redondo como el “¡OOOOOOOOH!” que había pronunciado Adita.
-¡Parece una pompa de jabón enorme! –dijo el chico saltando de contento.
Y Adita también se puso muy contenta… aunque todavía no entendía bien cómo funcionaban las varitas mágicas.






Adita aprende a ser hada (Bolsillitos #522)
Beatriz – dibujos de Agi

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *