Canela y Café





Había una vez un negocio con un gran cartel en el frente que decía:

Debajo del cartel había una gran vidriera en la que se veían dos cachorritos mellizos: Canela y Café.
Los dos jugaban todo el día sin parar: se mordían las orejas y las colas…

…volcaban la fuente de agua y se la ponían de sombrero…

…divertían a los chicos del barrio apretando el hocico contra el vidrio y arrugando la frente…

Pero un día entró en el negocio una señorita, con sombrero y paraguas, que tenía cara de llamarse tía Úrsula. Entonces los cachorritos jugaron a las adivinanzas.
-¡A que compra un pececito rojo! –se adelantó la perrita Canela.
-¡A que se lleva un canario azafrán! –replicó su hermano Café.
La señorita miró los peces, oyó el canto de los canarios, pero no compró nada de eso. Por fin se detuvo frente a los perritos, se agachó, los acarició y les habló.
-¡Quiere comprarnos! –ladró Canela-. ¡Nos llevará a una casa de verdad!

Pero en seguida la señorita dijo al empleado:
-Voy a llevar esa perrita…
¿A Canela? ¿Y Café se quedaba solo…? ¡Sí! ¡Se quedaba solo!
Los cachorros mellizos quisieron despedirse con tres abrazos y llorar de pena, pero la señorita tomó a Canela en sus brazos y se fue con ella en menos que canta un gallo.
Café las miró desde su casita de la vidriera,

las vio cruzar la calle y doblar la esquina. “¡Quién sabe adónde irán! –pensó-. Tal vez muy lejos; tal vez a otro barrio.”






Y se quedó muy triste, con las orejas gachas.
Los otros animalitos de la veterinaria quisieron consolarlo.
Un pollito se escapó de su corral, se posó sobre su cabeza y lo espulgó con el pico…
…un fox-terrier se puso la fuente de agua de sombrero para divertirlo…
…los chicos del barrio aplastaron sus narices contra el vidrio para hacerlo reír…

Pero nadie entró en el negocio para devolver a Canela. El único que llegó fue un señor gordo que fumaba una pipa y tenía cara de llamarse tío Nicolás.
Pero Café seguía triste en un rincón de la vidriera. Y pensaba: “¡Ojalá Canela se porte mal y la traigan de vuelta!”

-Quiero un cachorrito de color café –dijo el señor.
A pesar de que Café tenía las orejas gachas y no movía la cola, el señor se lo llevó porque, justamente, era de color café.
En brazos del señor, Café cruzó la calle, dobló la esquina y se fue muy lejos, tal vez a otro barrio.

Por fin llegaron a una casa: una nena salió a recibirlos.
-¡Hola tío Nicolás! –exclamó al ver al señor gordo (que justamente se llamaba así).
-¡Feliz cumpleaños, Marianita! –le dijo el tío. Y le dio un beso-. ¡Aquí te traje un regalo!
Marianita miró el regalo y en seguida se echó a reír.
-¡Qué lindo! Ahora tengo dos cachorritos! ¡Tía Úrsula me regaló una perrita esta mañana! ¡Una perrita de color canela!

Café entró en la casa moviendo la cola de felicidad… ¡y apenas entró se encontró con Canela!
Los cachorritos mellizos se saludaron con ladridos y saltos y besos.
-¡En seguida se hicieron amigos! –exclamó Marianita (que no sospechaba nada).
Canela y Café desde entonces fueron los perritos más felices del barrio. Porque tenían una casa verdadera, porque Marianita los quería mucho… ¡y porque estaban juntos!






Canela y Café (Bolsillitos #512)
Beatriz – dibujos de Csecs

Un pensamiento en “Canela y Café

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