¡Al agua Juancito!







Juancito vivía en una isla del río Paraná, en una casita de isleño. Su casa estaba muy alta, sobre unos pilotes de madera: así, cuando crecía el río, el agua no podía entrar.
Cuando el río crecía, Juancito se quedaba en su casa. No quería mojarse. Porque Juancito decía que no le gustaba el agua y además… no sabía nadar.

Muchas veces sus hermanos se metían en el agua. Entonces Juancito se iba a llenar su canasto con las naranjas, limones y pomelos que crecían en su isla y los llevaba a su lanchita, ponía en marcha el motor y, (negrita)brum, brum, brum,(negrita) se alejaba salpicando a sus hermanitos con espumita blanca.

A Juancito le gustaba manejar su lancha e imaginarse que era el capitán de un gran barco que navegaba en medio del mar.
Pero lo que más le gustaba era cruzarse con otra lancha. Entonces se sentaba muy derechito con la mano en la frente y gritaba:
-¡Adiós, mi teniente!
-¡Adiós, mi capitán! –le contestaba desde la otra lancha don Bachicha, el repartidor del almacén.
Y agregaba:
-¿Y, Juancito? ¿Ya aprendiste a nadar?

Entonces Juancito se ponía todo colorado y enfilaba su lancha hacia el recreo de don Vicente. En el muelle descargaba su canasto y se sentaba a esperar que vinieran a comprarle sus naranjas, sus limones y sus pomelos.
Claro que no siembre venían a comprar. Entonces Juancito se fabricaba una caña de pescar y esperaba a que picaran los peces. Mientras tanto se ponía a pensar que era capitán de un gran barco y que navegaba en alta mar.
-¿Y, Juancito? ¿Ya prendiste a nadar? –le decía en eso don Vicente, el dueño del recreo.

Y Juancito, poniéndose todo colorado, volvía a su lancha y, (negrita)brum, brum, brum,(negrita) enfilaba hacia su casa.
-¿Y, Juancito? ¿Ya prendiste a nadar? –le preguntaba su papá cuando terminaban de cenar.
Y Juancito, todo colorado, se levantaba de la mesa y se iba a acostar. Entonces volvía a soñar que era el capitán de un gran barco que navegaba en medio del mar.

Menos esa noche. Porque Juancito soñaba, sí, que era el capitán de un gran barco que navegaba en medio del mar, pero esa noche su barco se movía en medio de una terrible tormenta. Y Juancito tenía que agarrarse de la borda para no caerse al agua. ¡Pero igual se caía!
Del susto pegó un grito. Y al gritar se despertó… ¡y se dio cuenta de que estaba realmente en medio del agua!
Pataleando y braceando desesperadamente Juancito trató de salir de allí…
-¡Juancito! ¡Aprendiste a nadar! –le gritó su papá, que venía para llevárselo en brazos.






-Tenemos que subir al techo –le dijo- ¡El río está creciendo cada vez más!
Esa noche Juancito, su mamá, su papá y sus hermanitos se quedaron muy quietecitos encima del techo esperando que el río bajara.

Y cuando al fin salió el sol y empezó a bajar el agua, bajaron ellos también muy contentos de poder volver a su casita.
Pero más contento que nadie estaba Juancito: ¡porque esa noche había aprendido a nadar!






¡Al agua Juancito! (Bolsillitos #484)
Beatriz – dibujos de Agi

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