Un gatito







Lisa tenía muchas ganas de tener un gatito, pero no podía. Su hermano Miguel, que tenía un perrito y sabía más porque era mayor que ella, le decía:
-Perro y gato no van juntos…
La mamá decía:
-¿Un gato? ¿Para que se coma mi canario y pesque al pececito?
Y el papá le explicaba:
-¡Pero si apenas hay lugar para nosotros cuatro, el perro, el canario y el pececito rojo!

Lis no entendía una cosa: si había tan poco lugar en la casa… ¿por qué habían invitado al tío Félix a pasar con ellos sus vacaciones?
¡El tío Félix era muy gordo y ocupaba mucho más lugar que un gatito! Para colmo, siempre llevaba con tres valijas y desparramaba por todas partes sus diarios, sus anteojos y sus pipas.
El día que debía llegar el tío Félix se hicieron tantos preparativos que Lisa casi se olvidó de pensar en un gatito.
La mamá hizo una torta y encima escribió BIENVENIDO con chocolate.

Miguel hizo un dibujo del tío, gordo como un globo, y encima también escribió BIENVENIDO, pero con lápices de colores.

Lisa alisó todos los bordes de la alfombra y enderezó diez veces el felpudo de la puerta, donde también decía BIENVENIDO.

Y el papá se fue en el coche al aeropuerto a recibir al tío Félix.

Esperaron y esperaron. Hasta que de pronto, oyeron que llegaba el coche y corrieron a la puerta. ¡Entonces vieron que el papá llegaba solo!
¿Y el tío Félix?
-¡Se retrasó el avión! –dijo el papá. Tendremos que esperar…






Lisa, Miguel y la mamá pusieron unas caras larguísimas. ¡Todos tenían ganas de recibir visitas ahora! ¡Enseguida! ¡No mañana!
¡Se quedaban sin tío y sin fiesta! Y ahí estaban, silenciosos y tristes, cuando de repente algo saltó en el auto. Saltó desde el asiento de atrás al de adelante y salió por la ventana del coche. Después, tranquilamente, caminó hasta la entrada de la casa y se sentó sobre la palabra BIENVENIDO.

-¡Un gatito! –gritó Lisa.
Sí, sí, era un gatito. Un gatito que decía: “¡Miau miauu!”.
-¿De dónde salió? –exclamó el papá. ¡Habrá subido en el aeropuerto!
Y antes de que alguien dijera: “¡No puede entrar!”, el gatito entró en la casa.
Saltó del suelo a la silla y de la silla a la mesa y miró y olfateó la torta con muchísimas ganas de comerse aunque fuera una “o” de chocolate.

El papá, la mamá y Miguel lo miraban muy asombrados y serios.”¡Ya sé!, pensó Lisa, ¡no puede quedarse!”
Entonces, de repente, Miguel dijo:
-¡Y bueno! ¡Al final llegó una visita!

Y la mamá se rió y dijo:
-¡Quién hubiera dicho que todos estos preparativos iban a ser para un gato!
¡Lisa no saltó de contento por miedo de que el gatito se asustara y se escapara!
Pero el gatito se quedó. Y, como era tan chiquito, no pudo asustar al canario ni pescar el pececito. ¡Ni siquiera se le ocurrió pelearse con el perro!






Un gatito (Bolsillitos #485)
Beatriz – dibujos de Ruth

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.