La casita del baldío






El ratón Cristóbal vivía muy contento con su familia en un baldío de la ciudad.
Allí la ratona cortaba flores de manzanilla en su jardincito de yuyos…
los ratoncitos mellizos jugaban a los exploradores entre las montañas de cascotes…
y el ratón Cristóbal simplemente pensaba: “¡Qué suerte es tener una casita tan cómoda en un baldío tan hermoso!”

Pero de repente un día los dejó sordos el ruido de un motor poderoso: ¡una máquina enorme entraba en el baldío!
Cristóbal y los suyos se refugiaron en la puerta de su casita y espiaron desde allí. Entonces vieron que esa máquina era… ¡una excavadora!

-Eso quiere decir que van a cavar un pozo muy profundo en nuestro terrenito – balbuceó Cristóbal-. ¡Y que van a construir un rascacielos!
– ¡Ah, no! ¡No permitiremos intrusos! – exclamó la ratona -. ¡Aquí vivimos nosotros!
– ¡No dejaremos que nos arruinen el baldío! – chilló Cristóbal.
– ¡Es claro que no! Intervinieron los ratoncitos con gran decisión.
– Enseguida, entre los cuatro pensaron un buen plan.
A mediodía, no bien los obreros se fueron a almorzar, los ratones empezaron a trabajar. Los mellizos, armados de destornilladores, treparon a la máquina y le aflojaron todos los tornillos.

Esa tarde, cuando los hombres quisieron hacerla funcionar, vieron que no andaba. ¡Y tuvieron que pasar el día ajustando tornillos!
Cuando parecía que los obreros iban a empezar a cavar, Cristóbal y los suyos untaron con panceta las ruedas de la máquina. Y la máquina patinó y no pudo avanzar.

Así siguieron hasta que un día llegó un señor en un auto: era el dueño del terreno.

– ¿Qué pasa aquí? – exclamó plantándose en medio del baldío -. ¿Cómo es posible que todavía no hayan empezado a cavar?
(Los ratones en su cueva, se rieron en voz muy bajita.)






– ¡Cada día hay un nuevo contratiempo! – siguió diciendo el dueño -. ¡Y como todo es tan misterioso, habrá que llamar a un detective para que lo aclare!

(Los ratones en su cueva, se abrazaron y temblaron de susto.)

– Porque si no… ¿cuándo va a estar listo el parque de diversiones?
Los ratones se miraron, admirados. ¿Un parque de diversiones con calesitas, aviones, montaña rusa y trencito fantasma? ¡Ah, eso era otra cosa!
Entonces, cuando llegó la noche, el ratón Cristóbal tomó un gran baúl…
la ratona una valija…
y los ratoncitos dos bolsos…
y se mudaron a otra cuevita, en la orilla del río.

Pero no para siempre. Volvieron cuando estuvo listo el parque de diversiones… ¡y fueron los primeros en bajar por la montaña rusa y volar en los aviones de la calesita.






La casita del baldío (Bolsillitos #509)
Beatriz – dibujos de Ruth

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