El bastón de papel






Una tarde, el dueño de la papelería le encargó a Miguel que llevar un rollo de papel a un cliente.
-¡Llévalo con cuidado! – le dijo -. ¡Y no te demores!

-¡Sí sí sí sí! – prometió Miguel. Y salió con el rollo en la mano.
Caminó muy rápido al principio, pero… ¡el día estaba tan lindo! Todas las calles de la ciudad parecían caminitos de un parque… ¡y Miguel, sin darse cuenta, empezó a golpear el suelo con el rollo de papel como si fuera un bastón.
-¡Qué divertido! – exclamó Miguel. Y siguió caminando con su bastón.

Al llegar a la avenida se encontró con un “nudo” de coches. Estos, como no podían pasar, tocaban sus bocinas, todos a la vez.
Entonces Miguel levantó su bastón. Y el bastón se transformó en una batuta. ¡Y Miguel en un director que dirigía la orquesta de bocinas!

Cuando por fin cruzó la calle, su batuta se transformó en un remo y la calle en un río. ¡Y Miguel en un navegante solitario que lo cruzaba en su bote!

Pero, en mitad de la calle, el remo se convirtió en el brazo de un vigilante. ¡Y Miguel en un vigilante que paraba a los coches para poder pasar!
Al llegar a la vereda Miguel empezó a caminar haciendo equilibrio sobre el cordón. En un minuto se transformó en un equilibrista que caminaba sobre una cuerda. ¡Y el rollo de papel en una vara que lo ayudaba a caminar y lo salvaba de caer desde muy arriba!

De repente, tres perritos le salieron al paso. Entonces la vara se transformó en una lanza, los perros en búfalos terribles… ¡y Miguel en un piel roja que salía a cazar!

En eso pasó un colectivo e, inmediatamente, la lanza se convirtió en un fusil, el colectivo en una diligencia y Miguel en un bandido que le apuntaba y la quería asaltar.






Unos pasos más allá se encontró con los chicos que salían de la escuela. Entonces el fusil fue un cabo de rebenque, los chicos en ovejitas… ¡y Miguel en arriero que las arriaba por el campo!

Cuando por fin llegó Miguel a la casa del cliente, el rollo de papel estaba bastante quebrado en las puntas y no tan limpio como cuando había salido de la papelería.
-¿Cómo? ¿Y esto? – preguntó el cliente -. ¿Esto es un rollo de papel de dibujo nuevo y limpio? ¡Habrás venido jugando con él por el camino!

-Es que… es muy difícil andar con un rollo de papel… ¡y no jugar! – se disculpó Miguel.
Pero el cliente no quiso saber de nada. Tomó el rollo en una mano y con la otra agarró a Miguel de un brazo para ir a la papelería. ¡A quejarse! ¡A protestar!
Pero en el camino se puso el rollo de papel al hombro. ¡Y el rollo en seguida se convirtió otra vez en un fusil y el señor en un soldado que iba a la guerra!

Al pasar junto a un árbol golpeó el tronco con el rollo. ¡Y el rollo se convirtió en un hacha y el señor en el leñador más fuerte del Canadá!

Más adelante saltaron un charquito. Entonces el hacha se convirtió en una larguísima garrocha y el señor en el campeón de salto con garrocha que acababa de ganar otro campeonato.

Y, antes de cruzar la calle para llegar a la papelería, la garrocha se convirtió en un catalejo y la avenida en un mar. Y el señor en un pirata que miraba por el catalejo.

-¡Atención! ¡Ballenero a babor! – exclamó el señor al ver acercarse un camión. Entonces él y Miguel se miraron y se echaron a reír a carcajadas.
-¡Tenías razón, Miguel! – dijo el cliente -. ¡Es muy difícil no jugar!
Y fue a la papelería, sí. Pero, en vez de quejarse, compró un nuevo rollo de papel. ¡El otro se lo regaló a Miguel para que esa noche lo usara como telescopio para mirar las estrellas y la luna!






El bastón de papel (Bolsillitos #)
Beatriz – dibujos de Leo

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