Top el mago







Todos saben que los conejos no son prestidigitadores, que lo único que hacen es salir de las galeras de los prestidigitadores y correr por el escenario.

Pero Top era un conejo muy especial: ¡era el primer conejito prestidigitador del mundo entero!
Top había leído un libro de magia, había comprado un equipo de magia y había encontrado una alta galera negra.
Un día, por fin, se paró sobre un cajoncito en una encrucijada del bosque y anunció su primera función con bombos y platillos:
-¡Vengan, señores! ¡Vengan! ¡Vengan a ver a Top! ¡El gran Mago y Prestidigitador del Bosque!

Pronto lo rodearon muchísimos espectadores curiosos. Estaban Odón, el oso, con su gran boca abierta; la conejita Linda, con las orejas tiesas; la gansa Nun, con su cabeza ladeada y hasta Cirilo, el zorro, con su sombrero nuevo.
Entonces Top empezó la función.
-¿Ven esto? –dijo el conejo mostrando un cofre-. Es un cofre mágico. Tiene el poder de transformar cualquier chuchería en un objeto de gran valor. ¿Quién quiere hacer la prueba?

Linda, la conejita, se adelantó de un salto.
-¡Yo –exclamó-. Yo quiero cambiar mi margarita por una orquídea…
Top no estaba preparado para semejante prueba. ¡Ni siquiera sabía lo que era una orquídea!
De todos modos puso la margarita en el cofre, lo cerró cuidadosamente, hizo unos pases mágicos encima y por fin lo abrió, despacito…
-¡Aquí tienes, Linda! ¡Una hermosa orquídea anaranjada!

-¿Orquídea? –contestó Linda indignada-. Esto es… ¡una zanahoria!
Top, perplejo, se preguntó dónde estaría la falla. El público, en cambio, se rió a carcajadas. Pero la función igual continuó.
-¡Segunda prueba! –exclamó Top-. ¿Quién me presta un billete de diez pesos?
El puercoespín, que era muy optimista, le dio el billete.
Top, ante el asombro de todos, partió el billete en pedacitos.
-Primero lo rompo… después lo pongo debajo de este pañuelo… después hago unos pases mágicos y… ¡ya está! ¡Los diez pesos se transforman en cien!
-¡Esos no son cien pesos! –chilló el puerco espín furioso-. ¡Son cinco pesos!






Top quedó apabullado. El público, por su parte, silbó, gritó y pataleó. Y el zorro Cirilo pensó que había llegado el momento de intervenir. Pero, en ese momento, oyó que el conejito decía:
-¡Tercera prueba! ¿Ven esta botella de naranjada? ¡Es naranjada mágica! Quien bebe apenas un sorbo se convierte en gigante…

Iba a seguir explicando cuando de repente el zorro Cirilo se paró junto a él.
-¡Basta de pruebas! –gruñó-. Ahora me toca a mí hacerte desaparecer en un abrir y cerrar de ojos… ¡de un solo bocado!
Top empezó a correr por el bosque temblando de miedo. El zorro tomó unos tragos de la naranjada mágica y esperó unos segundos. ¡No tenía apuro! ¡Total! Cuando se convirtiera en un zorro gigante iba a poder alcanzar a Top con sólo estirar un dedo.

Top y su público estaban por escapar corriendo cuando, de pronto, vieron que a Cirilo le ocurría algo muy inesperado: le aparecía una raya blanca sobre el lomo y en vez de crecer se achicaba…
_¡Mírenlo! –exclamó la gansa Nun-. ¡El zorro se ha convertido en un zorrino!
-¡Hurra! ¡Bravo! –gritaron los espectadores-. ¡Esta prueba sí que salió bien!

“¡Por suerte salió mal!”, se dijo Top mientras se abanicaba con la galera.

Y, mientras el zorrinito Cirilo se iba refunfuñando, Top agradeció los aplausos y firmó cientos de autógrafos.




Top el mago (Bolsillitos #492)
Beatriz – dibujos de Ruth

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