Chuf-Chuf el remolcador







Este lindo remolcador pintado de muchos colores navegaba muy orondo por el puerto.
-¡Chuuuf-Chuuuuuf! –hacía. Y saludaba a los otros barcos largando por su chimenea tres nubecitas celestes, muy redondas.

Chuf-Chuf era amigo de todos; la vieja fragata le contaba cuentos de piratas. Y el ballenero le hablaba de ballenas enormes, mucho más grandes que Chuf-Chuf. Entonces al remolcador le corría un frío por cubierta y echaba nubecitas alargadas y blancas de susto.
Una tarde, hubo grandes preparativos en el puerto. Adornaron el muelle con banderines de colores y acudió mucha gente. Porque esperaban a un gran barco de pasajeros: un barco nuevo que se llamaba “La Reina del Mar”.
Los barcos anclados se retiraron a un costado para dejarle lugar. Y Chuf-Chuf, por su parte, salió al mar abierto para recibirla y darle la bienvenida. ¡Qué emoción conocer a “La Reina del Mar”!

Cuando por fin apareció, Chuf-Chuf se dijo que nunca había visto una nave tan hermosa, con una nariz tan elegante, con un andar tan tranquilo…
¡Tenía mil ojos de buey relucientes! ¡En cubierta había tantas luces como en toda una ciudad!
Chuf-Chuf saludó a “La Reina del Mar” con tres nubecitas celestes… Pero ella ni siquiera contestó.
Chuf-Chuf volvió a saludarla, un poco desconcertado, con tres nubecitas grises. ¡Pero ella levantó su linda nariz y ni siquiera lo miró!
En ese momento, desde el gran barco le tiraron un cable; Chuf-Chuf –el remolcador- lo abarajó, lo amarró bien, tiró fuerte y, en esa forma, condujo a “La Reina del Mar” hasta el muelle.

En el puerto tocaron música, tiraron serpentinas, agitaron banderitas.
¡Qué recibimiento le hicieron a “La Reina del Mar”!

Chuf-Chuf la dejó en el atracadero y después se fue a su lugarcito oscuro, junto a los otros remolcadores.
A la mañana siguiente Chuf-Chuf se despertó bien de madrugada y se acicaló a fondo: se sacó las manchas de grasa y se sacudió el hollín de la chimenea. Ajora estaba listo para darle los buenos días a “La Reina del Mar”.

“Anoche yo estaba muy sucio… –pensaba-. ¡No me saludó por eso!”
Chuf-Chuf fue a su encuentro y la saludó con tres lindísimas nubecitas rosadas.
¿Pero “L Reina del Mar”, imperturbable, si siquiera movió la antena del radar!
Chuf-Chuf se marchó, echando nubecitas negras de pena…
-¡No te aflijas! ¡Es un barco muy orgulloso! –le dijo la fragata-. ¡Ven que te cuento lo que le pasó al pirata tuerto!

Pero el remolcador estaba muy triste; no tenía ganas ni de oír cuentos… Se fue adonde estaban los barcos destartalados y no salió de allí en todo el día.
Esa noche, el remolcador dormía profundamente cuando sonó la señal de alarma. Chuf-Chuf se despertó de pronto, miró a lo lejos y vio un resplandor rojizo, como el del sol. ¡Pero no era el sol! ¡Era fuego! ¡Había un incendio en el puerto!






Los otros remolcadores llevaban mar afuera a los barcos para ponerlos a salvo. Solamente uno quedaba en el muelle: “¡La Reina del Mar!”
Chuf-Chuf navegó a toda velocidad y llegó hasta allí. Tosió y lloró por el humo y sudó por el calor del fuego. Con más coraje que un bergantín pirata pasó junto a las llamas hasta que por fin se acercó a “L Reina del Mar”, que ahora no era más que un pobre barco asustado. Ella le tiró un cable, Chuf-Chuf lo tomó y, haciendo un enorme esfuerzo, primero despacito, luego más rápido, cada vez más rápido, la fue llevando lejos del puerto…

¡Hasta que la dejó mar afuera lejos del peligro!
Entonces “L Reina del Mar” inclinó su linda nariz…
-¡Eh! ¿Qué pasa? ¡El barco se va de nariz! ¡Se hunde! –gritaron los marineros.
¡No! Era porque “L Reina del Mar” se agachaba para darle las gracias a su amigo, el remolcador.

Después echó una gran humareda de contento.
Chuf-Chuf le contestó con tres nubecitas celeste. ¡Y, desde ese momento, no salió ni una sola nube negra de su chimenea,

Acá les dejo la foto de otro Chuf-Chuf, aunque no sé en qué puerto está
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Chuf-Chuf el remolcador (Bolsillitos #559)
Beatriz – dibujos de Leo

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