Truco







En el jardín de la vieja casona de mis abuelos había una piedra grande color gris con una sola palabra grabada en ella: “Truco”. Era el nombre de un perro, cuya historia, contada una y otra vez por el abuelo, iluminó los días de nuestra niñez.
La verdad es que me salvó la vida- solía decir el abuelo, nostálgico…
-Cuéntanos cómo fue, abuelito.

-¡¿Cómo?!… Pues ocurrió que durante una siesta, mientras todos dormían, yo me escapé hacia el corral de los caballos y, lo más sigilosamente que pude, me puse a ensillar a “Flecha”, una alazán muy compadrito, dispuesto a dar una vuelta…
-¿Sin permiso?
-¡Claro!… Y algo más que “sin permiso”: ¡sabiendo de sobra que me lo habían prohibido!, ya que “Flecha” era mañoso y bastante bravo para un jinete tan poco experto como yo.

-¿no te vieron, abuelo?
Como les dije, los mayores dormían y mis dos hermanos jugaban en su cuarto. No, estoy seguro de que no me vieron , salvo “Truco”, que me había seguido.
-Y tú, ¿qué hiciste?
-Nada. Mientras no ladrara, no había peligro… ¡y puedo asegurarles que si yo le ordenaba que callase, se callaba más y mejor que ustedes!
-No te enojes, abuelito… Sigue contándonos.

-Bien… Ya pueden imaginarse la escena: yo, un chiquilín de poco más de siete años, acostumbrado a mi petiso acabé de ensillar como pude al nervioso “Flecha”, lo monté y, seguido por mi perro, salí a galopar por las afueras del pueblo. No se veía ni un alma y el sol era como un ascua sobre mis hombros… pero ¡cualquier día iba yo a aflojar! Aquélla era mi primera salida “a lo hombre”.
Así anduvimos un rato, con “Truco” pegado a nosotros, feliz de participar de algún modo en aquella aventura…

En eso, un animal surgió repentinamente de la tierra, frente a nuestros propios ojos.
-¿Qué era?
-Era una culebra, de esas que abundan en el campo, y que son perseguidas con saña por la gente, a pesar de ser inofensivas,
-¿Y te mordió?
-¡No! ¿No les dije que son inofensivas? No me mordió, pero, al aparecer tan de golpe, asustó a “Flecha”, que se empinó sobre sus patas, y por poco me arranca de la montura… Si no caí al suelo fue porque estaba fuertemente tomado de las riendas y con los pies bien calzados en los estribos.
-¡Qué suerte!






-¡Hummm! Tal vez hubiera sido mejor que me cayera porque, en menos de lo que tarda en decirse, “Flecha” empezó a correr, haciendo honor a su nombre, y, sin darme tiempo para nada… ¡Imagínense! ¡Un caballo espantado, corriendo como loco rumbo al pueblo, un chiquillo muerto de susto colgando de la montura, y nadie para ayudarme!
-¿Y “Truco”?
-Él también corría, con la lengua afuera, ladrando desesperadamente.

¡Hum!
-Lo más grave era que nos estábamos acercando a las primeras calles empedradas del pueblo, y yo ya veía mi cabeza destrozada contra aquellas durísimas piedras grises y agudas… El momento era grave… ¡Y aquí es donde viene a la intervención de “Truco”! ¡Pobrecito! Seguramente él también se dio cuenta de lo que me esperaba si no conseguíamos detener a “Flecha”…
Entonces, adelantándose a nuestra carrera, se volvió de golpe sobre el caballo, se abalanzó sobre su hocico, le clavó los dientes y lo obligó a detenerse.

-¡Valiente! ¡Viva! ¡Viva!
-¡Ya lo creo! ¡Más que valiente se necesitaba ser para hacerlo! Lo cierto es que el caballo se detuvo acobardado por el dolor del mordisco, y yo aproveché para soltarme como pude… Así, de pie, regresamos a las casas…

-Y “Truco”… ¿murió?
-¡Qué esperanza! Quedó un poco magullado, pero bien vivito… Y, desde entonces, no hubo quien lo despegase de mi lado: seguramente pensaba que yo seguiría necesitándolo… ¡Era un verdadero y leal amigo! Por eso, años después, cuando le llegó su hora, yo mismo lo enterré en el jardín y puse sobre la tierra que cubre sus huesos esa piedra con su nombre: “truco”






Truco (Suplemento Codelín #24)

1 comentario en “Truco

  1. Adoro este cuento! Es uno de los que marcaron mi infancia. Pertenece a la colección de suplementos gratuitos de la Revista Codelín. Con cada entrega se obsequiaba un precioso cuentito. A pesar de ser mucho más jóven que la generación que leía estos cuentos, lo descubrí en un rincón precioso lleno de libros de toda clase en la casa de una de mis abuelas. Me enamoré de inmediato de la historia y de las ilustraciones y con “Truco” ( libro original que aún conservo en impecable estado) conocí a sus compañeros: “Así es Carlitos” y “Ranita Chin”. Como había perdido ambos durante mi infancia y realmente amaba estos librillos, comencé a rastrearlos en las viejas casas de libracos. 30 años me llevó encontrarlos! Gracias a Internet hoy los tengo a los tres y varios más de la misma colección.
    Actualmente tengo 43 años y colecciono hermosos libros infantiles con ilustraciones de grandes artistas que atesoro para mis hijas. No obstante, cada noche mágica, cuando comienza el ritual de la lectura previa al sueño; mis pequeñas se deleitan con cuentos maravillosos y pequeñas y azucaradas historias como estos cuentillos de Codelín que fueron el disparador de mi inmenso amor por los libros infantiles.

    Daniela Natali, Neuquén, Patagonia, Argentina.

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