El polvo del revés







-¡Estoy harto, harto, harto! –exclamó tomasito esa noche.
Y era verdad. Estaba realmente harto de que lo retaran, de que lo mandaran a lavarse la cara, a hacer los deberes, a irse a la cama…
-¿Te gustaría que todo ocurriera al revés? –le preguntó en eso el brujito ticho, quien, según su costumbre, había estado escuchando desde la ventana.
-¡Ya lo creo! –exclamó tomasito-. ¡Me encantaría!

-Entonces desparramaré un poco de este “polvo del revés” sobre el techo de tu casa. Y mañana, cuando despiertes, todo ocurrirá al revés.
Tomasito cerró los ojos apuradísimo deseando que llegara la mañana.
Y la mañana llegó.

Tomasito se despertó, saltó de la cama y, como era un hermoso día de verano se puso toda la ropa de lana que encontró a mano.

Luego bajó a la cocina, pero su mamá no estaba preparándole el desayuno.
-¡Claro! –se dijo tomasito-. ¡Hoy ocurre todo al revés!
Y se cortó una rebanada de manteca, la untó con pan y se la bebió. Luego llenó de azúcar una taza, le echó dos cucharaditas de café con leche y se la comió.

Pero, cuando iba a salir para ir a la escuela, aparecieron su mamá y su papá vestidos con guardapolvos.
-¡Hasta luego, tomasito! ¡Nos vamos a la escuela! –dijo el papá.
-Cuida bien la casa y prepara la comida –le recomendó la mamá.
-¡Cómo no! –exclamó tomasito-. ¡Al fin podré hacer lo que quiero!
Y corrió a su cuarto para jugar. Pero, como todo le salía al revés, los soldaditos de plomo se apilaban como cubos, los cubos jugaban a la guerra, la pelota disparaba de un lado para el otro, el autito de pila rebotaba contra las paredes. Y tomasito no podía jugar.

Entonces corrió a la heladera para comer algo, pero resulta que ahora la heladera calentaba; en cambio el horno enfriaba tanto que estaba repleto de barras de hielo.
Al fin tomasito se comió una papa cruda y una naranja cocinada que le cayeron bastante mal.






En eso volvieron de la escuela la mamá y el papá y, al ver que tomasito no había preparado nada de comer, se pusieron a llorar y a patalear.

Para tranquilizarlos, tomasito les dijo que si se portaban bien los iba a llevar a la plaza. Entonces se pusieron a saltar de contentos. En la plaza los tuvo que cuidar para que no se cayeran de cabeza del tobogán y los tuvo que correr para que no se tiraran arena en los ojos.

Al fin, los llevó de vuelta a casa. Pero allí el papá quiso que tomasito lo llevara a caballito por toda la habitación y, la mamá, que le recortara figuritas y le leyera un cuentito.
Tomasito estaba tan cansado que se quería ir rápido a la cama. Pero su mamá le advirtió que ctrl.+kteníactrl.+k que mirar televisión antes de acostarse.
Y sólo después de cenar con sopa de helado, puré de chocolate y albóndigas de postre, se fueron todos a dormir.
-¡Ojalá todo volviera a ser como antes! –suspiró tomasito cuando estuvo en la cama.

Y ticho, que después de todo no era tan malo, volvió a desparramar un poco de “polvo del revés” sobre el techo.






El polvo del revés (Bolsillitos #565)
Nora – dibujos de Ruth

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.