Un tranvía en el espacio





Había una vez un tranvía que andaba al galope sobre los rieles. Y, a pesar de hacerlo con la mejor voluntad del mundo, la gente decía de él las peores cosas:
“¡Anda como carreta! ¡Nos zarandea como una licuadora! ¡Hace más ruido que una batería!”
Por eso nadie quería viajar en el viejo tranvía. Y cada vez subía menos gente hasta que un día se quedó completamente vacío.

Entonces el guarda y el conductor se miraron y dijeron:
-¿Qué estamos haciendo en un tranvía que ya no lleva pasajeros?

Y lo condujeron hasta la estación terminal y se fueron a manejar otros vehículos.
En cuanto desaparecieron, de debajo de un asiento salió el último pasajero, que era un viejito casi tan viejo como el mismo tranvía.

-¿Qué hacías allí escondido? –le preguntó el tranvía.
-Esperaba a que te dejaran solo –dimo el viejo- porque quería preguntarte, entre nosotros, si no te gustaría ser el vehículo más rápido del mundo.
-¡Por supuesto que sí! –exclamó el tranvía.
Entonces el viejito, sonriendo, sacó una llave que ocultaba bajo el sobretodo, igual a las que se usan para abrir latas, pero mucho más grande.
Sacó la manivela, puso la llave en su lugar y empezó a dar cuerda: “Trrrrac… Trrrrac… Trrrrrrac…”

¡El tranvía, en todos esos años, había oído tantas cosas! Sabía que en otros tiempos había habido duendes zapateros y duendes caldereros. Y pensó que tal vez ahora había duendes recibidos de mecánico.
¡Casi como un tren! Entonces, hizo una serie de maniobras, y salió a la calle.
-¡Tilín, tilín!” ¡Vía libre! –pedía el tranvía, y todos los coches se apartaban.
A gran velocidad corrió por la ciudad y por fin remontó una calle en pendiente.

¡Pero en vez de seguir por el otro lado, calle abajo, salió disparado por el aire como un avión a chorro!
Y así, andando como por sobre rieles invisibles, el tranvía ganó altura ¡Qué espectáculo!

-¿Y eso? –preguntaron los sabios que estaban detrás de los telescopios-. ¿Quién lanzó ese tranvía al espacio?
Y se empujaban unos a otros para comunicarse con él por radio.
-¡Hola, hola! ¿Nos oyes tranvía?
-no me distraigan –contestó el tranvía por medio de una radio que le había dejado el viejito-. ¡Perdía la gravedad y me quedé ruedas para arriba! ¡Jajajaja! ¡Qué divertido!






-¡Qué ves tranvía?
-Veo la mitad de la Tierra con sol y mitad a oscuras… Veo ciudades con tranvías y ciudades sin tranvías…
-¡Hace frío allá arriba, tranvía?
-¡Atchísss!
Rápidamente todos los países de la Tierra se prepararon para recibir al tranvía. Cuando descendió lo hizo suavemente, como si continuara deslizándose sobre rieles.

Entre todas las voces del mundo que gritaban: “¡Viva el tranvía!”, entre los que lo adornaban con cintas y banderitas y le hacían preguntas, se oyó la voz del conductor y del guarda y la de sus antiguos pasajeros:
-¡Ese es nuestro viejo tranvía!
Y lo llevaron triunfalmente en andas de vuelta a su ciudad.

Entonces, a pesar de que todos quisieron viajar en él, solamente con una invitación especial algunos pudieron galopar por las calles en el viejo tranvía.






Un tranvía en el espacio (Bolsillitos #531)
Beatriz – dibujos de Mario

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